Antecedentes

Aquí doy contexto a esta intervención.

La frase “disidencia cognitiva” la encontré por primera vez en la novela de William Gibson, Virtual Light, de 1993.

La utilicé por primera vez en el contexto de las humanidades digitales en una entrada en mi blog en HASTAC, “Google’s Virtual Light: The Digital Humanities as a Space for Cognitive Dissidence?”, 22 de febrero de 2012. <http://hastac.org/blogs/ernesto-priego/2012/02/22/googles-virtual-light-digital-humanities-space-cognitive-dissidenc-0>.

Este trabajo es parte de una crítica que he estado llevando a cabo al modo en que creo que la academia ejerce prácticas de exclusión e inclusión a partir del uso de tecnologías digitales y de una tendencia al gigantismo infraestructural. En ocasión de este sitio este 17 de mayo de 2012 publiqué un post en mi blog en HASTAC que incluye algunas preguntas de investigación (en inglés) que ayudarán a entender las motivaciones de este proyecto.

En el artículo que publiqué el 26 de enero de 2012 en Inside Higher Education/University of Venus, “Globalisation of Digital Humanities: An Uneven Promise” <http://www.insidehighered.com/blogs/globalisation-digital-humanities-uneven-promise> alerto sobre cómo el incremento al presupuesto asignado a magnos proyectos de humanidades digitales en economías desarrolladas puede llevar a una disparidad cada vez más insalvable con el resto de los sistemas universitarios del mundo.

En la infográfica “Quantifying Digital Humanities“, Melissa Terras (2012) del UCL Centre for Digital Humanities indicó que entre  2007 y 2011 el National Endowment for the Humanities de Estados Unidos adjudicó más de 15 millones de dólares a proyectos de humanidades digitales (entre 1998 y 2004, el Arts and Humanities Research Council del Reino Unido asignó 121 millones y medio de libras esterlinas a proyectos de investigación con un componente digital). Según los datos provistos por Terras, el  costo promedio de un sólo proyecto con componente digital es de 309, 110 libras esterlinas, es decir, aproximadamente 6 millones 400 mil pesos mexicanos.

"Physical Centres in Digital Humanities Across the Globe", Infographic: Quantifying Digital Humanities (Terras 2012) El énfasis es mío.

¿Y México? (El énfasis es mío). “Physical Centres in Digital Humanities Across the Globe” (Terras 2012)

Por otro lado, según datos provistos por Graham, Hale y Stephens (2011, 2012), el factor de impacto promedio del trabajo académico en México es el más bajo (junto con otros países) a nivel mundial, siendo de 0.10. Ésto en comparación con el factor promedio de 3 que tiene Estados Unidos, quien domina absolutamente el mapa de la producción de conocimiento académico (a través de revistas arbitradas) a nivel mundial.

Mi propuesta concreta es que la utilización de medios digitales gratuitos y accesibles debe ir de la mano de una voluntad por cuestionar las limitantes, obstáculos o barreras, imaginarias o reales, institucionales, estructurales y/o culturales que han causado un atraso en la adopción y desarrollo de herramientas digitales para la enseñanza, práctica, investigación y promoción de las humanidades en muchos países del mundo, incluído México. Recientemente, México apareció en el número 43 de 48 países en una lista basada en recursos, ambiente, conectividad y resultados (u21, 2012).

He sugerido que vale la pena investigar si a través de publicaciones (en español) de acceso abierto en plataformas con metadatos plurilingües optimizados para su fácil detección e inclusión en motores de búsqueda, en combinación con el aprovechamiento de recursos de social media, se puede lograr mayor conectividad, colaboración y visibilidad de la actividad humanísitica a nivel global. Así lo comienzan a demostrar ejemplos específicos (Terras, 2012). Sobre estos retos y los obstáculos a vencer hablé en una conferencia que dicté en la UNAM en octubre de 2011, “Blogging como herramienta para la enseñanza y la investigación” (presentación disponible aquí). Actualmente es muy fácil integrar traducción automatizada que, si bien no es perfecta ni ideal, al menos ayuda a que los contenidos se transmitan en otras lenguas, aunque sea de manera limitada. (Peor es nada).

Este trabajo es también una introducción general a lo que presentaré en la mesa redonda especial “Expanding Access: Building Bridges within Digital Humanities,” que fue aceptada para la convención 2013 de la Modern Language Association en Boston.

En este sitio iré expandiendo los contenidos y referencias gradualmente, ya que éstos enlaces iniciales son tan sólo minúsculos nodos en una gran red de textos que considero importantes para comprender el paisaje de las humanidades digitales entendidas como espacios para la disidencia cognitiva.

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